Josep M. Martorell
Exdirector general de Recerca de la Generalitat de Cataluña (2011-2015)

Hacia una posición de primer nivel en un mundo competitivo

Nos encontramos con una Europa que sale lentamente de la mayor crisis económica de las últimas décadas y que tiene la necesidad de establecer estrategias a largo plazo para aumentar la competitividad. La UE se compromete a incrementar los recursos económicos y a impulsar la participación privada en el proceso de innovación, potenciando la flexibilidad y la apertura ante nuevos planteamientos. Son premisas que se ven reforzadas en el programa en curso, Horizonte 2020, y también son las líneas maestras de la estrategia de especialización inteligente para las regiones europeas (RIS3), ambos programas para la etapa 2014-2020.

Teniendo en cuenta esta situación que tenemos entre manos, os invitamos a ver qué se ha hecho en los últimos tiempos en Cataluña, en cuanto al sistema universitario y de investigación, ampliando el foco para alcanzar un período que podríamos cifrar de treinta a cuarenta años (período que ha sido clave para construir el sistema de primer nivel que tiene hoy Cataluña en el ámbito del conocimiento). Después, me permitiré enfocar más de cerca los últimos dos años, el tiempo que ha transcurrido desde la última reflexión que hicimos en este mismo espacio.

Con la perspectiva que nos dan estos más de treinta años, podríamos dividir este período en tres etapas.

La primera, entre la década de 1980 y un poco antes del año 2000, viene marcada por la consolidación de la democracia en el Estado español y el progreso en nuestro autogobierno. Cataluña centró sus esfuerzos durante aquellos años en los aspectos de formación superior; el objetivo era extenderla y garantizar el acceso universal en todo el territorio, haciendo crecer la oferta universitaria pública para una población mundial que también crecía debido al baby-boom.

Después, hacia el año 2000, y con un sistema de educación superior de alto nivel y accesible a toda la población, el reto era enfocarlo globalmente a la investigación. El sistema, a pesar de tener un cierto grado de calidad, en conjunto no tenía una alta competitividad internacional. Por tanto, se pusieron en marcha una serie de acciones que nos han ayudado a lograr en quince años nuestro actual nivel de excelencia: herramientas que nos permitían superar algunas de las estrictas limitaciones en la gobernanza que establecía –y todavía establece– el sistema estatal (la Ley de Universidades de Cataluña y la Agencia para la Calidad del Sistema Universitario de Cataluña), y unos instrumentos propios que nos permitieron incidir en la gobernanza de las instituciones (CERCA e ICREA), flexibles y enfocados a la internacionalización y la excelencia, y a captar y retener talento internacional.

Hacia el año 2000 se pusieron en marcha una serie de acciones que nos han ayudado a lograr en quince años nuestro actual nivel de excelencia

Aprovechando que 2013 es el año de la última publicación de este informe, pondría el final de esta segunda etapa en aquel momento, al cual llegamos con un buen sistema universitario: la UB (Universitat de Barcelona) se encuentra entre las 200 y 300 mejores universidades del mundo en el que se conoce como ranking de Shanghái (Academic Ranking of World Universities) y es también el año que tanto la UAB (Universitat Autònoma de Barcelona) como la UPF (Universitat Pompeu Fabra) cambian de tramo en este ranking, uno de los más reconocidos en el ámbito de las universidades.

También en 2013 Cataluña supera a Suecia en captación de ayudas del Consejo Europeo de investigación por habitante, y pasa a la segunda posición de la UE.

En 2013 llegamos también a un buen sistema de centros de investigación, capaces de liderar los rankings mundiales de instituciones por ámbitos (Scimago 2013) en química, física y biomedicina, donde también aparece ICREA en las primeras posiciones, que confirma el acierto de las decisiones tomadas en estos años, mantenidas gobierno tras gobierno y consolidadas alrededor de la firma del Pacto Nacional para la Investigación y la Innovación en 2008.

A lo largo de estos años, y comparando los fondos competitivos obtenidos en programas estatales (Plan Nacional, ahora Plan Estatal) y europeos (7º Programa Marco y ahora Horizonte 2020), el sistema se ha mostrado más eficiente cuanto más competitiva es la convocatoria o el ranking, con la mayoría de indicadores de un 50% a un 100% por encima de lo esperado por cuota de población en Europa y en el Estado español. De nuevo, las decisiones tomadas de apertura, flexibilidad, rendición de cuentas, apuesta por la excelencia se reflejan en estos indicadores, que otorgan posiciones muy destacadas, incluso dentro de nuestro sistema, a aquellos grupos/entidades que se rigen por el modelo propio catalán de I+D+I.

Y desde 2013 empezamos la tercera etapa. Ahora hay 3 universidades catalanas entre las 200 primeras en el ranking THE (Times Higher Education) de 2015, y 3 universidades entre las 50 de menos de 50 años en el QS (QS Top 50 Under 50) de 2014. De hecho, Barcelona es la segunda ciudad del mundo con más universidades en este último ranking (la primera es Hong Kong, ciudad que tiene una población como toda Cataluña). El número más elevado de universidades entre las 50 mejores del mundo de menos de 50 años, por millón de habitantes, de toda Europa lo tiene Cataluña, con casi siete veces más que el resto del Estado. Así mismo, hemos conseguido ampliar la distancia con el país que nos sigue en el ranking de ayudas del ERC (European Research Council) por población (en gran parte gracias al éxito del sector biomédico, que acumula el 35% de las ayudas obtenidas). Por lo tanto, se ha hecho, de manera probada, un buen trabajo gracias al gran esfuerzo de miles de personas del sistema y a pesar de las dificultades conocidas por todo el mundo.

Hasta el momento, el reto había sido poner en marcha acciones que impactaran en el modelo de I+D y en el de la enseñanza superior. Ahora, el reto es consolidar la calidad del sistema, que no es nada fácil vistas las dificultades del entorno, y ser capaces de transformar este conocimiento en beneficios sociales y crecimiento económico. Ahora, el reto es situar la investigación en el núcleo del modelo económico, y esto implica temas de política de estado.

Ahora, el reto es consolidar la calidad del sistema y ser capaces de transformar este conocimiento en beneficios sociales y crecimiento económico, y esto implica temas de política de estado

Que en este punto del relato haga énfasis en que, en esta tercera etapa, el Gobierno prioriza la transferencia de conocimiento no quiere decir, en ningún caso, que las instituciones no hayan trabajado en esta línea hasta hoy. Y precisamente el sector biomédico y biotecnológico es un ejemplo clarísimo. Pero revisando cifras que incluyen la totalidad de sectores innovadores, sabemos que actualmente el volumen global de la colaboración entre la academia y las empresas –que pueda considerarse transferencia de conocimiento– y tomando el conjunto de los agentes, es de unos 200 millones de euros anuales. Y por tipología de agentes, se ve que las universidades tienen un papel central, a las que se han ido añadiendo los últimos años con mucha fuerza los centros CERCA, especialmente los centros de investigación en ciencias de la salud.

Ante las capacidades de los agentes de la BioRegión, la estrategia que impulsa el Gobierno se enfoca a potenciar tres líneas principales: capacitación (del talento), facilitación (legal y fiscal) y financiación (incentivación de la inversión). A pesar de que no se trata de grandes medidas estructurales (articulan instrumentos de acuerdo con nuestro margen de acción competencial y, a veces, algo más allá a pesar de las trabas), son acciones enfocadas hacia la buena dirección. Dibujaré tres ejemplos de acciones de gobierno en cada una de estas líneas.

En el ámbito de la capacitación, el programa de doctorados industriales, inspirado en programes de éxito de países como Suecia y Dinamarca, responde al reto de incidir en la capacitación del talento para transferir la tecnología y el conocimiento al tejido industrial. En sus tres ediciones, el programa ha permitido poner en marcha más de 150 proyectos, con la participación de 120 empresas, desde start-up hasta empresas grandes, 26 relacionados con las ciencias de la vida. El pasado mes de julio leyó la tesis el primer doctorando industrial del país.

Si hablamos de facilitar, hay que recordar las medidas introducidas en la Ley de acompañamiento de los presupuestos de la Generalitat para 2014: en el ámbito legislativo hay que destacar una medida de deducción fiscal en el tramo autonómico del IRPF, que pasa del 30% al 50% para la inversión de business angels en empresas creadas por universidades y centros de investigación.

Finalmente, el programa Industria del Conocimiento es la acción principal en el ámbito de la financiación. En la línea de estimular la generación de empresas de base científica a partir del conocimiento y de incentivar la inversión, tiene que movilizar hasta 30 M€ en 5 años para las diversas etapas de desarrollo de un proyecto, de la idea al mercado (semilla, producto y mercado). Hay que destacar que, en la primera edición, el 50% de los proyectos concedidos de la etapa semilla y el 60% de productos se han otorgado a ciencias de la vida y de la salud.

La estrategia que impulsa el Gobierno se enfoca a potenciar tres líneas principales: capacitación (del talento), facilitación (legal y fiscal) y financiación (incentivación de la inversión)

Todas las acciones que se han puesto en marcha en esta etapa, que es definitiva para consolidar el impulso del conocimiento hacia el mercado, pretenden alinear nuestra política para los próximos diez años con la europea. De momento, mediante los instrumentos de la RIS3, pero también siguiendo la apuesta por un modelo que impulsa la captación competitiva (solo hay que ver el impacto de nuestras políticas en los fondos captados del Programa Marco), e implementando medidas que nos permitan mejorar los indicadores con los cuales Europa valora el nivel de innovación de las regiones. Y apostar por el nodo del consorcio InnoLife del EIT, actual EIT Health, y por todos los grandes proyectos europeos que cuentan con nuestras instituciones entre los actores relevantes de los consorcios respectivos, así como por las instituciones que, desde una función de sistema, le dan impulso y lo hacen más ágil y capaz. Es el caso de Biocat, un claro elemento catalizador del éxito del sector bio catalán.

Con todo, y como decía anteriormente, hay una serie de retos que hay que afrontar. Y para dar el siguiente paso hace falta un cambio sustancial: hay que disponer de capacidad normativa fiscal (especialmente en el ámbito de sociedades), de la capacidad de regular operaciones de crédito, de regular mecanismos de capital de riesgo y business angels, hay que tener capacidad para incidir en la regulación laboral y en el sistema de gobernanza, hay que poder estar presentes en los organismos internacionales… Estos puntos piden una acción política que solo es posible si llegamos a ser un estado.

Quisiera acabar la reflexión que hago en estas líneas, y la visión en perspectiva de lo que ha sucedido antes y desde la publicación del último Informe Biocat, reconociendo que es seguro que sin la crisis tendríamos una situación mejor, pero también que la crisis ha reforzado nuestra eficiencia como sistema. Mantener los indicadores y ser capaces de impulsar medidas dirigidas al crecimiento del sistema es una prueba de que nos hemos fortalecido, lo que nos coloca en una posición ventajosa de cara a aprovechar mucho mejor las futuras oportunidades que vendrán de la todavía incipiente recuperación económica, y del propio proceso político en que está inmerso el país.